Datafaro
Control y seguridad

Automatizar sin entregar las llaves

Antes de conectar una cuenta tienes derecho a saber qué puede hacer Datafaro, qué no puede hacer y cómo responde si algo sale distinto de lo esperado. Aquí no pedimos confianza a ciegas: explicamos los límites.

El límite duro

No puede improvisar fuera de su trabajo

La forma habitual de que una herramienta automática haga un destrozo es que sea demasiado capaz: si puede ejecutar cualquier cosa, tarde o temprano ejecutará algo que no debía.

Datafaro parte del extremo contrario. Existe un catálogo cerrado de operaciones, y fuera de él no hay nada: ni una forma genérica de escribir ficheros, ni un modo de ejecutar comandos, ni una puerta trasera «por si acaso».

En los servidores no se abre una sesión de terminal en ningún momento: solo se leen y escriben ficheros por un canal que no sabe ejecutar nada. Y hay ficheros que están fuera del alcance siempre, aunque el permiso lo permitiera, porque uno mal escrito tumba un sitio entero sin que ninguna comprobación previa pueda avisarlo.

Un asistente que solo sabe hacer siete cosas no puede hacer la octava, por bien que se lo pidas.

Si algo sale mal

Si algo no queda mejor, vuelve atrás

Copia antes de tocar

El estado previo se lee justo antes de aplicar, nunca antes. Entre una copia de hace un rato y el cambio cabe media web, y restaurar algo viejo sería peor que no restaurar nada.

Tres comprobaciones después

Que el sitio confirme lo escrito, que siga respondiendo, y que una reauditoría no vea nada peor. Un «no» a cualquiera revierte el cambio entero, aunque se hubiera aplicado sin errores.

Sin reintentos automáticos

Un cambio a medio aplicar no se repite solo: se para y avisa. Repetir a ciegas sobre un estado que ya no es el que se calculó es cómo se convierte un problema pequeño en uno grande.

El dinero

El dinero siempre tiene la última palabra humana

Se simula contra Google, no contra una imitación

Antes de aplicar nada, las operaciones pasan por las reglas de la propia plataforma que va a ejecutarlas, sin aplicarse. Si Google dice que no, ahí se acaba, y el motivo que se enseña es el suyo.

El tope de gasto se mira sobre la cuenta entera

No sobre la campaña que se toca. Diez campañas subiendo un poco cada una se llevan el presupuesto igual que una subiendo mucho, y mirando solo la afectada no se ve venir.

Solo dentro del horario en que hay alguien

Si un cambio se tuerce a las tres de la madrugada de un sábado, el dinero se sigue gastando hasta que alguien lo vea. Fuera de la ventana configurada, espera.

Un tope de cambios por día y cuenta

Para que un fallo en cadena no pueda recorrer una cuenta entera. Pasado ese tope, lo que venga lo aplica una persona.

La simulación caduca

Una calculada hace tres horas describe una cuenta que ya no existe. Si ha pasado demasiado tiempo, hay que volver a calcularla antes de aplicar.

Ninguna campaña se crea ni se activa

Hoy Datafaro puede frenar el gasto —pausar, excluir búsquedas— y moverlo entre campañas existentes. Crear campañas desde cero no está, y no está a propósito.

Los datos

Tus clientes siguen siendo solo tuyos

En la Unión Europea

Servidor propio en la UE. Las credenciales de acceso a las cuentas de Google se guardan cifradas y no las ve nadie, tampoco quien administra la plataforma.

Cada cliente en su compartimento

El aislamiento lo impone la base de datos fila a fila, no la aplicación. Una consulta mal escrita no puede enseñar los datos de otro cliente. Hay pruebas automáticas que lo verifican en cada cambio.

Sin rastrear a nadie

Datafaro trabaja con cifras agregadas: impresiones, clics, coste, posiciones. No recoge ni guarda identificadores de los visitantes de la web de tu cliente.

Copias que se prueban

Copia diaria cifrada y fuera del servidor. Y un procedimiento de restauración que se ejecuta de verdad contra una base limpia: una copia que no se ha restaurado nunca es una suposición, no una copia.

Segundo factor obligatorio

Para las cuentas con permisos de administración no es opcional. Y cambiar la contraseña cierra la sesión en todos los dispositivos.

Todo queda registrado

Quién aprobó qué, cuándo, sobre qué cuenta y con qué justificación. Sirve para trabajar tranquilo y para responder si algún día alguien pregunta.

Una cosa más

El auditor no puede llamar a la puerta de casa

Este detalle es técnico pero dice bastante del enfoque. El auditor sigue enlaces escritos en webs ajenas y se ejecuta dentro de nuestro servidor. Una web que enlazara a una dirección interna podría, en teoría, hacer que el sistema se pidiera cosas a sí mismo.

Por eso cada destino se resuelve antes de salir a la red y se rechazan las direcciones internas, siguiendo también las redirecciones salto a salto. Se arregló antes de que pasara, no después.

¿Te queda alguna duda?

Es razonable tenerlas cuando alguien te pide acceso a las cuentas de tus clientes. Pregúntanos lo que sea.